viernes, 20 de junio de 2014

“Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará?


Hemos hecho girar este número de El Centinela en torno a tres días internacionales celebrados en marzo por Naciones Unidas: El Día internacional de la poesía, el Día internacional de la felicidad y el Día internacional de la mujer. A cada uno de esos días le dedicamos un artículo. El licenciado Alfredo Campechano se encargó de la poesía, para recordarnos que la Biblia es el gran poema de Dios a la humanidad (pp. 8 y 9). El licenciado Francisco Altamirano nos escribe acerca del secreto de ser feliz aun en el dolor (pp. 18-20). Y la profesora y editora Mónica Díaz nos habló de la gran “ausente” de la historia oficial: la mujer (pp. 10-12).
Es un poco vergonzante que Naciones Unidas tenga que dedicar un día del calendario a la mujer, cuando en ella converge el secreto de la poesía (la musa, la inspiración, es femenina) y de la felicidad (que también es femenina). Pero así están dadas las cosas en un mundo injusto que aún hoy relega a la mujer a un segundo plano. Sabe Naciones Unidas que en la mayoría de los países del planeta la mujer aun es una herramienta al servicio del hombre. Por eso viene a recordarnos cada 8 de marzo que la mujer tiene una dignidad que la civilización le ha negado durante milenios.
Pues bien, esto no lo acepta la periodista italiana Costanza Miriano (42 años, casada, cuatro hijos) quien ha publicado un libro polémico, titulado: Cásate y sé sumisa. La obra ha recibido el auspicio del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, que ha dicho que el libro está en armonía con las enseñanzas de la Iglesia Católica.
Para Miriano, el éxito en el matrimonio pasa por la sumisión de la esposa al marido: “Tendrás que aprender a ser sumisa, como dice San Pablo. Tienes que ser sumisa aun cuando no entiendas el motivo, aun cuando estés íntimamente convencida de tener razón… Si algo que él hace no te parece bien, con quien tienes que vértelas es con Dios, porque él te ha puesto al lado de tu marido, ese santo que te soporta a pesar de todo”. Y remata: “En caso de duda, obedece. Sométete con confianza... porque tu marido es como Dios: Es el camino que Dios ha elegido para amarte, y es tu camino hacia el cielo. Cuando te dice algo, por lo tanto, lo debes escuchar como si fuera Dios el que te habla… porque con frecuencia ve con más claridad que tú”.
¡Vaya machismo alimentado por una madre!
Hace más de un siglo, otra mujer, una escritora norteamericana que ha ejercido una tremenda influencia en la cultura religiosa de Occidente, escribió unas líneas que quiero compartir con cada lector y lectora en este marzo que anuncia la primavera:
Una mujer que se resigna a los dictámenes de otra persona -aun en los más mínimos asuntos de la vida doméstica-, que somete su propia identidad, nunca podrá llegar a ser de utilidad y bendición para el mundo. Tampoco responderá al propósito divino para su existencia. Se constituye en una mera máquina que es guiada por la mente y voluntad de los demás. Dios ha otorgado a cada cual, hombres y mujeres, una identidad, una individualidad para que actúen por ellos mismos en el temor de Dios” (Elena G. de White, Carta 25, 1885).
Dedicamos este número a cada mujer virtuosa de este planeta. Y lo hacemos con los versos más lúcidos escrito por Salomón. Con sus palabras, el sabio parece describir a la mujer del siglo XXI, que trabaja en la casa y fuera de ella, que es cocinera y empresaria.
Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará? ¡Es más valiosa que las piedras preciosas!
Su esposo confía plenamente en ella, y no necesita de ganancias mal habidas.
Ella le es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida.
Anda en busca de lana y de lino, y gustosa trabaja con sus manos.
Es como los barcos mercantes, que traen de muy lejos su alimento.
Se levanta de madrugada, da de comer a su familia y asigna tareas a sus criadas.
Calcula el valor de un campo y lo compra; con sus ganancias planta un viñedo.
Decidida se ciñe la cintura y se apresta para el trabajo.
Se complace en la prosperidad de sus negocios, y no se apaga su lámpara en la noche.
Con una mano sostiene el huso y con la otra tuerce el hilo.
Tiende la mano al pobre, y con ella sostiene al necesitado.
Si nieva, no tiene que preocuparse de su familia, pues todos están bien abrigados.
Las colchas las cose ella misma, y se viste de púrpura y lino fino…
Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir.
Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.
Está atenta a la marcha de su hogar, y el pan que come no es fruto del ocio.
Sus hijos se levantan y la felicitan; también su esposo la alaba...
Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza.
¡Sean reconocidos sus logros, y públicamente alabadas sus obras!
 (Proverbios 31:10-31; Nueva Versión Internacional)
por 
Ricardo Bentancur
Fuente: elCentinela

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